¿Fruta sazona?

¿Fruta sazona? Cubanos inescrupulosos maduran de manera artificial e indiscriminada algunos productos agrícolas. Una práctica que no ha logrado detenerse, a pesar de ser ilegal, pertinaz y de conocimiento público

Por BÁRBARA AVENDAÑO

Piro sabe cuándo el mango está hecho nada más de verlo, por la forma que toma según la especie. “No puede recogerse estando tierno”, advierte, a fuerza de tantos años tumbándolo, en tanto muestra cientos de pelototas verdes amontonadas debajo de un nailon. “Yo pongo la fruta en esta nave, y ahí puede estar cinco o seis días, hasta que se madure”.

Él, Fulgencio Mora, dirige desde 1999 una finca de 15 hectáreas preñada de guayaba y nueve especies de mango. Es la 892 de la Granja Urbana Empresa Cultivos Varios de Cotorro, en La Habana, cuyos sembrados datan de la década de los años 70 del siglo pasado.

Pero en esta temporada de 2013 al campesino se le nota contento, y no es para menos: obtuvo dos cosechas de mango y la granja contó con transporte para sacarlo todo, contrario a lo que pasó el año anterior, razón por la que se pudrió más de la mitad.

Hay veces que la zafra es buena, y otras, regular o mala, pero este hombre afirma que ni siquiera en las peores circunstancias aplica sustancias químicas a los frutos para tornarlos amarillos. Sin dar tiempo a la reportera de BOHEMIA a preguntarle por qué, dice rotundo: “eso está prohibido”, en tanto invita a probar cualquiera de los salidos de sus tierras y de las manos de su gente.

Así es. Son de un dulzor uniforme hasta la semilla misma. Únicamente comparables con los almibarados Biscochuelos, o del Caney, como también se les conoce. Sin duda, los producidos en esta finca habanera saben bien distinto a los que generalmente se compran en muchos mercados agropecuarios, puntos de venta, carretillas… del país: dañados por los golpes y ácidos, aunque su color indique total madurez.

Ello se debe a la práctica cada vez más generalizada por parte de personas inescrupulosas y con ánimo de lucrar, de recolectar los frutos y vegetales tiernos y madurarlos artificialmente con sustancias no autorizadas en el país para ese fin. De tal manera, logran venderlos a precios tres o cuatro veces más elevados, una estrategia que atenta contra el bolsillo del consumidor y pudiera afectar también su salud.

El asunto es preocupación desde hace buen tiempo de todo el que se detiene delante de una tarima para adquirir esos productos vitales en una dieta equilibrada, por ser ricos en vitaminas, minerales, antioxidantes y fibra; además de aportar pocas calorías y un alto porcentaje de agua.

Ya no solo hay que permanecer alerta al pesaje, sino elegir con tino cada unidad “a suerte y verdad”, pues limpieza, color y olor adecuados no son garantía de acarrear con la mejor. El tema ha asomado en los medios de comunicación en los últimos veranos, junto con el ansia de tomar un vaso de jugo frío a cualquier hora del día, y la presencia mayor de las frutas cubanas, aunque lamentablemente no tengan la calidad deseada.

A sabiendas de esta problemática, BOHEMIA salió a la calle en busca de respuestas.

LA MANZANA DE LA DISCORDIA

“Gasté en frutas la semana pasada y tuve que botarlas porque parecían maduras por fuera y estaban verdes por dentro”; “el plátano y la fruta bomba no saben a nada”; “el mango es ácido y con partes negras, o lo que es lo mismo, una quemada del producto químico que no se distribuyó”, dice alguien avezado; “ni el aguacate se salva, algunos tienen pedazos blandos y otros duros”… son comentarios habituales hoy.

Una madre entrevistada manifestó la encrucijada en la que se encuentra: “debo darle jugos naturales a mi bebé, pero a la vez me resisto por temor a, sin querer, estarlo envenenando poco a poco, pues no se sabe a ciencia cierta qué consecuencias pueden tener para la salud humana los líquidos que, sin medida, algunos irresponsables les echan a las frutas”.

“Este es un problema serio”, afirma pensativo el Doctor en Ciencias Agrícolas Sergio Rodríguez Morales, director del Instituto de Investigaciones de Viandas Tropicales (Inivit). “Es verdad que, en correspondencia con el tipo de suelo y las condiciones climáticas, la misma fruta tiene mayor o menor contenido de azúcar, pero está claro que, cuando se utiliza un madurador artificial, la calidad del producto disminuye y, por otro lado, la sustancia tóxica se incorpora a la fruta”.

“A veces minimizamos las cosas pensando que comerse una fruta madurada así no hace nada, pero si se la ingiere en reiteradas ocasiones sí podría suceder, porque todo es acumulativo en la vida. Hay que acabar de identificar quiénes hacen eso y sancionarlos severamente, pues a conciencia están dañando a la población”, refiere enérgico.

Por la experiencia de su centro en la siembra de la exquisita fruta bomba Maradol roja, el experto comenta que si esta se cosecha con dos o tres rayas maduras, a la semana está lista para comer. “Sin embargo, cuando se le adicionan esos productos químicos, a los dos días se ve aparentemente madura, pero no hay concentración de azúcares”.

“Ello también repercute en la industria. Cuando se diseña el proceso el por ciento de azúcar que se usa está de acuerdo con el brix (por ciento que tiene la fruta) promedio de la planta, para que tenga calidad el dulce. Por ejemplo, una fruta bomba, en dependencia de las variedades, debe tener un brix de entre 10 y 12 por ciento, si se madura artificialmente es de ocho”, resume Sergio.

Aunque algunos no lo recuerden, y otros lo desconozcan, desde antes de 1959 en Cuba se utiliza el carburo para madurar productos agrícolas de manera acelerada. Pero hace buena cantidad de años que el químico más empleado con ese fin es el Ethephon (etefon).

Sin embargo, para tal uso ambos siempre han estado prohibidos en el país, a pesar de que los especialistas aseguran su inocuidad en dosis adecuadas.

El último mencionado, conocido también comercialmente como Flordimex, Ethrel, Madurex… u otros nombres según el fabricante, es un plaguicida órgano fosforado que puede provocar algún síntoma leve de intoxicación en las personas que lo manipulan y desconocen sus efectos.

“Se trata de uno de los productos elaborados en el mundo con el mismo principio activo: Ácido 2 cloro etil fosfónico, generador de etileno, una hormona vegetal gaseosa que desencadena los procesos de ablandamiento de la masa, cambio de color de la corteza, disminución de la acidez, e incremento de los sólidos solubles totales, aunque de forma natural a lo mejor todavía no esté apto para madurar.

En ese proceso se degrada la clorofila (pigmentos verdes) de la corteza, y se forman carotenoides (pigmentos amarillos)”, explica Caridad María Noriega Carrera, Máster en Fisiología Vegetal del Instituto de Investigaciones en Fruticultura Tropical.

A pesar de que dicha sustancia química no está inscrita como madurador poscosecha en el Registro Central de Plaguicidas de la República de Cuba, ni consta solicitud alguna al respecto, se emplea de forma constante. “Se está aplicando de manera ilegal”, dice el ingeniero agrónomo Humberto Vázquez Vega, director del Centro Nacional de Sanidad Vegetal.

“A este documento tiene acceso todo el que trabaja en la agricultura”, afirma por ser su entidad la encargada de elaborarlo desde hace más de 20 años con carácter anual. Este Registro “circula impreso y en formato digital, y se lo entregamos a los diferentes territorios para el trabajo de capacitación que se realiza con los productores a partir de la estrategia fitosanitaria, o sea, cómo combatir las plagas y las enfermedades”.

“El etefon está autorizado a usarse en Cuba en precosecha, como madurador foliar para la caña de azúcar, y en plátano, piña, cítricos, tomate y café, además, como regulador del crecimiento de hijos en el arroz, en dosis específicas para cada cultivo.
Hoy solo se destina específicamente para el control de la Orobanche ramosa, una hierba parásita del tabaco, por ejemplo, en una proporción de 0,5 a 0,7 litros de producto comercial por hectárea”, puntualiza Vázquez Vega.

El director señala que en el caso de los plaguicidas el procedimiento de traslado, almacenamiento y control es responsabilidad de la Empresa Mayorista de Suministros Agropecuarios del Ministerio de la Agricultura (Minag). Después ese producto va a las empresas en los territorios, y de allí a la base productiva, que se lo vende a los productores. “Pero ni la entidad distribuidora, ni Sanidad Vegetal entregan etefon para inducir la maduración poscosecha”.

El ingeniero Vega agrega que, ante este fenómeno, su institución comenzó a realizar recorridos por las provincias en meses alternos para seguir la ruta del producto y chequear cuánto entra y queda en almacenes. “Es decir, que llevamos un control de todos los plaguicidas, y de este en específico. Por eso consideramos que el desvío ocurre cuando llega a los productores”, sentencia.

“Para lograr un control lo más exacto posible se les entrega el etefon en correspondencia con la cantidad de tierras afectadas y, aunque se verifica su aplicación, a partir de ese momento el chequeo queda prácticamente en sus manos”, ilustra. Sépase que el mayor porcentaje del tabaco que se siembra en el país está a cargo de pequeños agricultores vinculados a las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA) o a las de Créditos y Servicios (CCS)”.

La importación de los plaguicidas requiere de un inventario de las existencias en el país y las necesidades de la producción. “Del almacén nuestro no sale ningún producto si no ha sido solicitado y asignado por Sanidad Vegetal para una base productiva”, argumenta José Manuel González Raimundo, desde hace un año director comercial del Grupo Empresarial de Logística del Ministerio de la Agricultura (Gelma).

“Es cierto que son químicos de gran demanda y transportarlos desde su entrada al puerto en cientos de contenedores hasta nuestros almacenes en las provincias es un riesgo porque, aunque hay experiencia y tradición, pudiera fallar el factor humano, pero no el sistema, pues somos muy rigurosos a la hora de la entrega y la recepción. Hemos establecido revisar hasta el sello del envase cuando se recibe la importación, además, en los almacenes se verifica también de esa forma, y hasta ahí no hemos detectado pérdidas del producto”, certifica.

Por informaciones llegadas a la dirección de Sanidad Vegetal, se cree que quien compra y aplica los maduradores a las frutas son los intermediarios. En tanto, voces callejeras afirmaron a esta reportera que un litro y medio de etefon se vende en el mercado subterráneo a 400 y 500 pesos, en tanto otras hasta llegaron a afirmar que personas de Güira de Melena, Artemisa, van a comprarlo a Pinar del Río.

Es difícil detectar quién realiza esos negocios, pero el círculo se pudiera ir cerrando si existieran herramientas de control mucho más eficaces. El uso del etefon para esos fines es violatorio de lo establecido en La Gaceta Oficial de la República de Cuba, la número 16 de 2007; y la resolución conjunta Minagri-Minsap ICCN 16827511, para sentar las dosis adecuadas y su influencia en la maduración e índices de calidad en precosecha.

De acuerdo con un trabajo sobre el tema publicado por el periódico Granma el 11 de mayo de 2012, el artículo 198 del Código Penal referido a los delitos contra la salud pública, establece que “todo el que se apodere, trafique, almacene, facilite, procese, reciba, emplee, transporte, o exporte sustancias u objetos contaminados o contaminadores, o destinados a ser inutilizados o desinfectados, o los retenga indebidamente en su poder, incurre en sanción de privación de libertad de seis meses a dos años, o multa de 200 a 500 cuotas, o ambas”.

¿QUIÉN QUIERE COMPRARME FRUTAS SABROSAS…?

Mayda Betancourt Grandal, prohibió en su casa comprar plátanos, mangos y fruta bomba maduros. “Hay que enseñarle a la población que no pague por un plátano amarillo pollito porque ese color es el que adopta cuando está tratado con un generador de madurez, pues el natural es de un amarillo más anaranjado e intenso. Y debe llevar razón esta Doctora en Ciencias Agrícolas, quien por 30 años ha tenido que ver con el tema en el Instituto de Investigaciones en Fruticultura Tropical.

“Para que ocurra la maduración el fruto debe cosecharse en un estado de madurez fisiológica, que es cuando el campesino dice: “la fruta está sazona”, y al llevarlo a un almacén donde comienza ese proceso natural. Cuando este se acelera no se da el tiempo necesario para que los almidones se descompongan y transformen en azúcares, y por eso los frutos no saben a nada y tienen partes duras”, expone.

Interesada por ofrecer más elementos, adiciona que estos se clasifican en climatéricos (en su maduración desencadenan un proceso respiratorio provocado por la síntesis de etileno), tal es el caso del mango, el plátano, la guayaba, la fruta bomba; y no climatéricos, que no desatan esa fase ni sintetizan etileno, como por ejemplo, los cítricos y la uva.

“Cuando los del primer grupo se maduran artificialmente, se corre un riesgo: como estos frutos apenas tienen corteza, o sea, la piel es muy fina, lo que se le aplique de forma externa penetra en la pulpa, y lo acumulan. No ocurre así en el caso de los cítricos, que sí es una práctica comercial desverdizarlos, porque aunque al inicio de la cosecha está el color verde de la corteza, los indicadores del contenido de jugo, azúcares, acidez ya están en los límites de acuerdo con las normas”, explica.

“Entonces se ubican en cámaras donde se les dan unos toques de etileno a temperatura y atmósfera controladas, y de forma artificial se induce el inicio de la degradación de la clorofila. Es una técnica que está autorizada y se emplea en Cuba desde que comenzó el plan citrícola, a finales de la década de los años 60 del siglo pasado”, expone.

En diálogo con el ingeniero Vázquez Vega él insiste en que a los plaguicidas hay que ponerles un interés muy grande en su control. Para registrar cada uno se hacen diferentes pruebas que revelan sus niveles de toxicidad y hasta dónde pueden afectar o no. “Se determina el término de carencia (tiempo que media entre el momento de la aplicación y el de la cosecha) y la dosis y, de acuerdo con este indicador, pasados 15 o 20 días es que pueden cosecharse los frutos para garantizar niveles residuales mínimos”, argumenta.

Según la doctora Mayra Martí Pérez, desde hace cinco años jefa nacional del Departamento de higiene de los alimentos y nutrición de la Dirección Nacional de Salud Ambiental, del Ministerio de Salud Pública (Minsap), se necesitan dosis muy elevadas para poder provocar una intoxicación aguda.

A este criterio se une el ofrecido por el Doctor en Ciencias Médicas José Antonio Carrera Vara, subdirector del Instituto de Nutrición e Higiene de los Alimentos del Minsap, quien asegura que hasta el momento no ha encontrado en la literatura disponible que los residuos acumulados en las frutas después de administrarles etefon activen la proliferación de células malignas, como se especula entre la población. Sin embargo, por el tiempo que lleva esta práctica, todavía se desconocen las consecuencias que de su uso no dosificado puedan derivarse.

“Lo que sí está probado es que las frutas maduradas con etefon de forma inadecuada, en proporciones no establecidas, pierden valores nutricionales”, afirma el también Máster en Salud Ambiental. “En tal caso se afectan los sólidos totales, los carotenoides, minerales, la vitamina C, además de cambiar el sabor y el olor”. Y recuerda que mientras laboraba en el Minsap durante los primeros años de la década de 2000, ya se hicieron reuniones para tratar el uso inapropiado de ese producto poscosecha, además de una revisión internacional al respecto.

“Se utiliza con tales fines en algunos países, y está registrado por la autoridad de sanidad vegetal de cada uno de esos lugares”, refiere. “En el mundo se han realizado trabajos de investigación para establecer las dosis adecuadas y su influencia sobre la maduración. También las formas de aplicarse, el control de la temperatura del sitio donde esto se hace, y el tiempo de exposición al producto”. Ello permite a los sistemas de control sanitario crear un método de vigilancia correcto.

¡¿ PLÁTANO?! ¡NI PA’ SINSONTE!

El Doctor en Ciencias Agropecuarias Gonzalo Dierksmeier Corcuera, director de la Unidad Ciencia y Técnica Básica-Química del Instituto de Investigaciones de Sanidad Vegetal, tiene en el patio de su casa sembradas matas de mango, guayaba, cinco variedades de plátano, aguacate, naranja, limón, y no usa ningún químico, aunque reconoce que los rendimientos son menores.

Como ciudadano piensa que no se debía permitir el empleo de sustancias sin uso autorizado, pero reafirma que, según consta en el Manual de plaguicidas, el etefon está internacionalmente recomendado para inducir la maduración de los frutos cosechados. “Además, tiene establecido el límite máximo de residuo, 0.05 partes por millón, o sea, cuánto pudiera quedar en el fruto después del tratamiento”.

Mayda Betancourt Grandal considera que el etefon podría utilizarse si se aplica controlado y con los parámetros establecidos. “Pero el peligro está en que esa práctica la realizan personas que desconocen que es partes por millón, o litros por galones. Y valdría preguntarse ¿solo están usando este producto perjudicial?”

Acerca de esa inquietud, el doctor Gonzalo Dierksmeier informa que también se está empleando el Cletodim y el Fluazitop-p-butil, herbicidas utilizados en Cuba para la maduración fisiológica de la caña. “Eso quiere decir que se le aplica 60 días antes del corte y esta alcanza un determinado grado de maduración para cosecharla”.

Para tranquilidad nuestra, el especialista agrega que los herbicidas son poco tóxicos, y estos dos productos cumplen esa característica para el ser humano. “Sin embargo, lo que se está haciendo no está autorizado, ni reglamentado”, aclara.

“Nosotros estamos ahora en fase de desarrollar el procedimiento analítico para determinar los residuos de etefon en las frutas, y quizás de otros maduradores ilegales que están usándose, y poder hacer el control, pues hay un patrón que en los análisis permite decir si un producto se puede consumir o no. Este sería un servicio que pudiera brindarse a fin de determinar lo que está pasando. No podemos asumirlo de manera general porque se aparecería aquí hasta una ama de casa con un fruto, pero sí llevarnos un poco de un lugar, o de otro, y examinarlo”, amplía.

Lo confirma Humberto Vázquez: “En septiembre debe comenzar ese control para hacer muestreos aleatorios en los mercados, porque no nos es posible hacerlo a todas las frutas que se comercializan. En esos establecimientos tienen que saber a quién se las compraron, y cuando se detecte el problema será para adoptar una medida”.

Sin embargo, para el doctor Carrera “esa no va a ser la solución del problema. Pienso que a quienes nos corresponda a los diferentes niveles tenemos que sentarnos y tomar una decisión respecto a qué vamos a hacer ante la situación cubana. Esto no puede ahogarnos e impedirnos desarrollar un sistema de control”.

“Considero que se debe hacer una ficha técnica por parte del Minag (el organismo que maneja los plaguicidas) y determinar a las temperaturas nuestras, en un tiempo determinado, cuál es la dosis específica para cada fruta, porque no es lo mismo una proporción en Europa que en Cuba. Se trata de hacer ciencia”, señala Carrera.

La Dirección de Salud Ambiental del Minsap cuenta con unos tres mil inspectores sanitarios estatales en el país. Sin embargo, aunque ellos saben que se utiliza el etefon ilegalmente, hoy no lo pueden demostrar. “La Resolución Ministerial 215 que regula lo normado, no tiene nada establecido al respecto y por apreciación simple no puede aplicarse una medida contra el vendedor”, especifica la doctora Mayra Martí.

Por eso Carrera cree que, incluso, si no se importara el producto como madurador poscosecha, su registro permitiría a los sistemas regulatorios del país tener una guía patrón, tal y como lo indica la resolución 64 de 1985 del Registro de los Alimentos y Cosméticos en Cuba.

Mas, el asunto no es tan sencillo, pues la formalización de la solicitud para registrar un plaguicida en Cuba, cuyo procedimiento se establece en la Norma Cubana (29/04/97), debe realizarla el representante legal del fabricante o proveedor, en este caso del madurador.

“Tenemos que seguir enseñando a los productores y aplicar la legislación cuando sea necesario”, concluye el director del Centro de Sanidad Vegetal, mientras presenta al equipo de BOHEMIA los documentos que integran el marco legal rector de esta actividad: el Decreto Ley 153 de agosto de 1994 de las regulaciones, y el 169 de contravenciones, de 1962.

Lo cierto es que hoy, con la indisciplina de unos, aumenta el desconcierto de muchos. El país puede asimilar correctamente el resultado de técnicas que en el mundo se utilizan, pues cuenta con la infraestructura de investigación para lograrlo. No puede seguir quedando en tierra de nadie el control de la calidad de algunas producciones por el bienestar del consumidor. La situación exige medidas urgentes por parte de quienes tienen esa responsabilidad estatal y en los diferentes mecanismos comerciales en general.

El mundo propone el consumo de alimentos inocuos. También es tema recurrente la implicación que tienen los factores ambientales con las enfermedades crónicas no transmisibles, sobre todo el uso indiscriminado de los plaguicidas, pues van a los alimentos, a las fuentes de agua…

“Ya el movimiento de frutales prendió en Cuba, se están entregando tierras, y dentro de unos años habrá un boom de frutas en el país, es decir, que se ha trabajado sobre la primera necesidad, ahora hay que mirar hacia la segunda: controlar la calidad de esas producciones que llegan al consumidor. La población debe tener la garantía de una alimentación y ambiente sanos, porque cuando esos productos se vierten en el suelo, lo penetran y pueden llegar al manto freático”, explica Mayda Betancourt.

El reclamo va de oriente a occidente. Tenemos la dicha de poder saborear exquisitas frutas tropicales como las que produce Piro, allá por el Cotorro, o en El Caney, pero lamentablemente, para algunos cuando engorda el bolsillo adelgaza la ética. La alerta llega, incluso, en el estribillo de la pegajosa canción Timbirichi, del trovador Tony Ávila: cubano/ abre puertas y ventanas/ no dejes que te consuma la competencia…

Tomado de:http://www.bohemia.cu/

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