Vamos marchando con la sólida armazón de individualidades (I)

Por Lázaro David Najarro Pujol/Radio Camagüey

Camagüey, Cuba, 4 oct.- El 8 de octubre de cada año se rinde homenaje póstumo a Ernesto (Che) Guevara de la Serna, quien forjó en Cuba el movimiento de inventores, cuyos integrantes, junto al pueblo, formaron la sólida armazón de individualidades que caminaron hacia un fin común.

En la ciudad de Camagüey decenas de obreros y técnicos fueron protagonistas en la década de 1960 de una gran batalla para que las industrias no se detuvieran e integraron lo que es hoy la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR). Las ideas del Che, un hombre que ilumina el camino de la Revolución cubana, perduran en el tiempo.

Estás memorias de hombres de ciencia que forjan futuro reflejan la impronta del innovador Máximo Steere del Pino, hombre ulterior que parafraseando al Che tenía un corazón sencillo. Steere del Pino no está físicamente pero queda su ejemplo y las anécdotas de los compañeros que junto a él se adentraron en el maravilloso universo de las inventivas.

Rememoramos los encuentros del Che Guevara con el mecánico de mantenimiento Juan Reyes Viamontes, de la Planta de Tejas Infinitas de Camagüey, entidad cuya propia existencia está vinculada a la vida de este obrero.

De igual manera destaca el quehacer de Rolando Rodríguez Galván, hombre de carácter paciente y afable que llegó a la Ciudad de los Tinajones desde San Germán, Holguín inspirado por el Che para con los hierros al hombro aportar su inteligencia y contribuir a la industrialización de la urbe principeña.

Esta compilación deviene homenaje asimismo a Emilio Hernández Sánchez, hombre de maravillosas manos que laboró durante muchos años en el Combinado de Talleres Valdimir Ilich Lenin. Es considerado un maestro de muchas generaciones de innovadores.

Enriquece las vivencias de la ANIR –organización de vanguardia de la ciencia y la técnica de la clase obrera cubana-, Miguel Ángel Martínez, quien tuvo el privilegio histórico y el honor de trabajar junto al Che Guevara en el Ministerio de Industria, donde se formó como innovador.

En la incesante batalla contra el bloqueo económico, financiero y comercial impuesto por Estados Unidos a Cuba, inventores como Orlando García Canino ofrecieron igualmente su talento para que las comunicaciones fueran un puente entre la mayor de las Antillas y el mundo. Todos, a decir de este innovador de vanguardia “bailaron la rumba sin música”.

Eduardo Piñeiro Terrero fue testigo de esos primeros años de nacimiento de la ANIR. Es autor de varios dispositivos, maquinarias y piezas que se emplearon en la industria alimenticia camagüeyana.

Antonio Cammañ Álvarez, persona que jamás nadie pudo señalar con el dedo, forma parte de esta sintetizada historia de hombres de ciencia y conciencia. Un innovador que desde el Hospital Materno Provincial Ana Betancourt, evitó que la sonrisa de decenas de madres se apagara y propició que el llanto de los bebés se escuchara en las salas, al fabricar un equipo de presión positiva, por lo cual el líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, le estrechó sus manos y lo estimuló por su labor como innovador.

Pedro Álvarez Adán fortaleció aquel movimiento de innovadores que decidieron impedir que las industrias cubanas detuvieran sus maquinarias por la falta de piezas de repuestos y partes.

Están los recuerdos y quehacer como innovador de Álvaro Vázquez Galego, admirado y amado por su hija: “Mi padre, está vivo aquí, en mi corazón”. Sus memorias fueron atesoradas por su esposa, quien además vigilaba el insomnio de ese hombre amable que un día la muerte se le apareció indiscreta para privar a los Ferrocarriles de Camagüey y a Cuba de un excelente inventor.

La sólida armazón de inventores agramontino se fortaleció con la incorporación de Ballardo Felipe Morales, quien siempre le gustó innovar y dio su paso al frente cuando Che Guevara convocó a los obreros y técnicos cubanos a construir su propia máquina.

La ANIR continúa marchando por el desempeño de miles de innovadores y racionalizadores, entre ellos Guillermo Sánchez Pérez de Corcho, inventor al que los ferrocarriles camagüeyanos le agradecen mucho.

En la primera Reunión Nacional de Producción, efectuada en La Habana los días 27 y 28 de agosto de 1961, el comandante Ernesto Guevara, entonces ministro de Industrias manifestó: “La falta de materias primas y las piezas de repuesto han sido los problemas fundamentales que hemos tenido […] con el trabajo de todos los obreros de todas las fábricas del país se han resuelto sinnúmeros de problemas […] estamos estudiando una segunda campaña de emulación […] que tendrá por nombre: Construya su propia máquina. Es decir, tomar a los obreros, a los técnicos de mayor categoría y de más empuje revolucionario, porque también hay que tener empuje revolucionario para esto, y crear equipos de trabajo…”

El Che Guevara apuntó en su obra El socialismo y el hombre en Cuba: “Así vamos marchando. A la cabeza de la inmensa columna […] va Fidel, después, los mejores cuadros del Partido, e inmediatamente, tan cerca que se siente su enorme fuerza, va el pueblo en su conjunto, sólida armazón de individualidades que caminan hacia un fin común; individuos que han alcanzado la conciencia de lo que es necesario hacer; hombres que luchan por salir del reino de la necesidad y entrar al de la libertad.

“Esa inmensa muchedumbre se ordena; su orden responde a la conciencia de la necesidad del mismo ya no es fuerza dispersa, divisible en miles de fracciones disparadas al espacio como fragmentos de granada, tratando de alcanzar por cualquier medio, en lucha reñida con sus iguales, una posición, algo que permita apoyo frente al futuro incierto.

“Sabemos que hay sacrificios delante nuestro y que debemos pagar un precio por el hecho heroico de constituir una vanguardia como nación. Nosotros, dirigentes, sabemos que tenemos que pagar un precio por tener derecho a decir que estamos a la cabeza del pueblo que está a la cabeza de América. Todos y cada uno de nosotros paga puntualmente su cuota de sacrificio, conscientes de recibir el premio en la satisfacción del deber cumplido, conscientes de avanzar con todos hacia el hombre nuevo que se vislumbra en el horizonte”, sentenció el Che Guevara, idea que se articulaba con su concepción del hombre nuevo socialista y hombre con una nueva técnica.

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