Villena: una vida con luz plena de mediodía

Por Diosmel Galano Oliver/Radio Camagüey

Enero, 2018.- Fue un poeta que hizo revolución, un progresista que puso al servicio del pueblo cubano todo el saber de un alma elevada, de un corazón gigante y de un cuerpo frágil; su nombre Rubén Martínez Villena.

Sus ojos eran ventanas a un mundo lleno de imágenes y sensaciones bellas, pero sobre todas las cosas eran la puerta a un universo enérgico, a un mar de espiritualidad y valentía. Era tan grande su entereza que no existía materia capaz de retenerlo.

Desde su participación en la histórica Protesta de los Trece -cuando un grupo de la intelectualidad cubana se opuso a la corrupción y el entreguismo administrativo de la época-, Rubén demostró su capacidad de oratoria, la claridad de ideas y principios, y la resolución de acompañar a las clases desprotegidas hacia una definitiva victoria.

Protagonista de enfrentamientos contra los mayores esbirros -incluido el “asno con garras”, como le decían al dictador Gerardo Machado-; líder del Grupo Minorista, de la actividad estudiantil contra el tirano, de la organización del movimiento obrero y de la denuncia mediante la escritura.

Pero sería con la fundación -en 1925- del primer Partido Comunista de Cuba que la actividad política del joven cubano llegaría a madurar. Ante Gerardo Machado se convertiría en un permanente adversario.

Como asesor legal de la Confederación Nacional de obreros de Cuba (CNOC) Villena se convirtió en el máximo organizador y líder natural; en el Partido también fue ardua su labor, aun afectado por la tuberculosis, y se encarga de desatar la primera huelga política de la historia nacional en 1930.

Y todo sin perder la ternura. Su pluma ágil y locuaz regaló versos cargados de patriotismo: “hace falta una carga para matar bribones, para acabar la obra de las revoluciones”; fue el pedido.

A pesar de que se mantiene activo e indoblegable, su salud estaba resentida, no le acompañan las fuerzas de antes, se agota rápidamente. Poco a poco las dolencias pulmonares van lacerando su ya débil constitución, pero no por ello abandona el compromiso con los más oprimidos.

Desde la antigua Unión Soviética, donde trataba de recuperase de su enfermedad escribe a su esposa Asela: “Mi último dolor no es el de dejar la vida, sino dejarla de modo tan inútil para la Revolución y el Partido, tengo el consuelo de haberte ayudado a dar un contenido tan grande a la vida, que él mismo te resguardará del dolor de mi pérdida. ¡Hay que estudiar, hay que combatir alegremente por la Revolución, pase lo que pase, caiga quien caiga! ¡No lágrimas! ¡A la lucha!”

Su vida termina el 16 de enero de 1934, entre la conmoción de la caída del Gobierno de los Cien Días y la organización del Cuarto Congreso de Unidad Sindical.

A juicio de Raúl Roa: “Aquel día `La Esperanza´ vio salir por su pórtico, definitivamente rota, la esperanza más alta y más noble de la juventud cubana”.

Pero llegaron quienes tomaron las banderas de combate y dieron continuidad a las gestas libertadoras en la mayor de Las Antillas, hombres como Fidel Castro descabezaron a la tiranía y ofrecieron al pueblo de Cuba un sendero de independencia y soberanía para transitar.

Villena, tu luz, tu alma y tu energía se multiplican desde entonces para mantener la carga contra los bribones del siglo XXI.

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