En la obra de Pedro Roberto Valdivia Durán: teatralidad y el arte cerámico (+ Fotos)

Por Lázaro David Najarro Pujol/Colaborador

Abr, 2021.- Pedro Roberto Valdivia Durán (Camagüey 1963) es un actor de teatro (pertenece actualmente al Guiñol de Camagüey), quien dedica su tiempo libre, desde la década de 1980, a la modelación de piezas de cerámicas, algunas de ellas exhibidas en exposiciones internacionales en Europa y América.

En esa etapa había regresado de la Escuela Nacional de Instructores de Arte en las especialidades de dirección, actuación y diseño teatrales en La Habana, lo que es actualmente la Universidad de las Artes.

«Hay una estrecha relación entre el teatro y la cerámica. La teatralidad y los elementos escenográficos están muy vinculados con el arte cerámico», consideró.

Además, dijo, que es muy medular la ciudad como elemento escenográfico en una obra de teatro que se puede lograr con soportes cerámicos, específicamente el Camagüey colonial.

«Soy un refrendo camagüeyano y me gusta interpretar a mi ciudad en el teatro y homenajearla a través de la cerámica. Me gusta reflejar la teatralidad mediante las máscaras. En todas las piezas que moldeo trato de buscarle un acercamiento al teatro. El teatro es mi primera casa y la cerámica mi segunda casa artísticamente hablando».

En tanto el crítico de arte Pavel Alejandro Barrios, en las palabras al catálogo de la exposición Personaje de ciudad (2011), consideró que Valdivia «hace una puesta en escena con obras a manera de actores en la trama citadina actual. Valdivia acude a los personajes del momento, o más bien a las transformaciones y visiones del momento de personajes característicos de nuestro contexto sociocultural».

En tanto el investigador y crítico de arte Marco Antonio Tamames opinó en la inauguración de la exposición personal Reliquias. Colección No.3, en el contexto de la muestra colateral de la V Edición del Festival de las Brujas ACAALARRE 2008 que Valdivia se «revela como uno de esos artesanos cuya obra cerámica termina cargada de teatralidad, testimonio de su fidelidad a una y otra manera de asumir el arte.

Si en la tabla siente una inquietante necesidad de desbordar con imaginación los maestros clásicos y la recontextualización de sus obras, en el barro persigue la originalidad. Para este creador teatro y artesanía se complementan no solo con magia, sino también con mesura, pueden compartir un mismo espacio sin que ni una ni otra riñan en busca de protagonismo innecesario».

A Pedro Roberto Valdivia Durán, entonces actor y ayudante de la cerámica, el Fondo Cubano de Bienes Culturales en Camagüey le abrió sus puertas para que, junto a su profesor, modelaran 30 Ánforas de gran formato destinadas al centro turístico de Tayabito, al este de la Ciudad de los Tinajones.

Debido a la calidad de su labor en la manifestación de cerámica en 1996 ingresó a la Asociación Cubana de Artesanos Artistas (ACAA). Considera al artista de la plástica Oscar Rodríguez Laseria como su gran maestro. «A él le debo todo lo que he aprendido en esta manifestación, a mi interés por investigar entorno a la cerámica», agradeció.

En octubre de 2006, Oscar Rodríguez escribió las palabras al catálogo de la exposición personal De la Vigía a San Miguelito de la autoría de su discípulo: «De alguna manera me siento responsable de lo que hace (Valdivia), pues convivimos diez años de trabajo, ochocientos de ideas y como cien mil de afectos; claro, que no por empatía puedo referirme con algunos adjetivos, es más bien que conozco y reconozco su entereza de labor y sensibilidad a lo que expresa en su obra, Valdo (Valdivia), sabe que el «Arte Sano» es artesano, razón está bien convenida por su parte que se mira olvidando las pretenciosas ambiciones de ser «artista» y convencido de ser humano».

Rodríguez prosiguió: «De hecho es artista, lo demuestra, ahora nos remite a los  sueños de una ciudad sin habitantes, contenida y encerrada en las imágenes de sus vasijas llenas de sonidos sordos que solo se escuchan en la intimidad de su interior, revelando la arquitectura que habla por sí misma con palabras de muros y techos donde solo se escucha una lluvia de arcilla y tronar de la artesanía».

Al referirse a sus primeros maestros en la cerámica apreció que no pintaban las piezas de cerámicas en frío, «las pintaban antes de ser quemadas en el horno. La técnica que más me gusta es la del encobes que es sobre la base de barbotina de arcilla o pasta cerámica y oxido metálicos que son los que dan el color. Terminas el color y la pieza y le aplicas ese pigmento, lo dejas secar e introduce la pieza al horno. Se genera el satinado (con poco brillo o mate sin brillo. Pero existen los esmaltes que le dan brillo a las obras, aunque a veces se precisa llevar la pieza en más de una ocasión al horno».

Considera a la exposición ¿El tiempo en Ruina? (2015), como una de sus principales muestras.

Forjada con el Taller García, proyecto colectivo en el que todos son protagonistas. «Las piezas no son individuales. Se realiza la investigación, se concibe la obra y todos participamos, de algún modo, en la elaboración, pintura y quema. Trabajamos en equipo. Lo que se desarrolla en el taller se concilia con todos sus miembros».

El proyecto ¿El tiempo en Ruinas? recrea antiguas culturas mesoamericanas precolombinas sobre superficie cerámica, una propuesta del Taller García y el artista Pedro Roberto Valdivia.

Se trataba de más de 60 piezas, una interpretación o reconceptualización del símbolo extraído del contexto natal.

La insinuación plástica se efectuó en la Galería Midas, de la Asociación Cubana de Artesanos Artistas, en Camagüey, a unos 570 kilómetros al este de La Habana.

Era objetivo poner a la interpretación de los espectadores si el tiempo es «un hacedor de ruinas o si son las ruinas, con su presencia majestuosa, la que dan testimonio del silencioso y agazapado discurrir de la temporalidad».

El artesano Eduardo García, director del Taller, explicó que en la iniciativa se observaron diferentes técnicas de la cerámica y resaltó la obra representativa del proyecto una pirámide de aluminio y papel maché (una técnica artesanal antigua, originaria de la China, India y Persia), de 2.34 centímetros de alto y 2.30 centímetros de ancho.

La fragmentación intencional de algunas de las piezas, al igual que la imposición de ciertas texturas añosas, dan testimonio del marcado simbolismo que ostenta el conjunto de máscaras y vasijas «resguardados por imponentes figuras totémicas».

Las construcciones modernas siguen apareciendo pero las ruinas mesoamericanas precolombinas siempre están presentes en el tiempo, y el hombre trata de insertar esa cultura dentro de la existencia de la contemporaneidad.

El Taller García tiene vínculos con un proyecto de Matanzas que cada dos años organiza la Bienal de Cerámica Arte del Fuego en el que concurren.

Pedro Roberto Valdivia Durán tuvo la satisfacción de participar en el Simposio Internacional de Cerámica que organizaba el artista de la plástica Oscar Rodríguez Laseria y el evento Salón del Barro y el Fuego, que auspicia la Asociación Cubana de Artesanos Artistas.

Considera a San Miguelito, en el centro oeste de la ciudad de Camagüey, como el barrio alfarero por excelencia de toda Cuba. «Más importante que Bejucal, en La Habana y que cualquier asentamiento alfarero del país. En ese sitio se realiza cualquier tipo de cerámica, desde un ladrillo, rasilla, loza hasta un tinajón camagüeyano de gran formato. En San Miguelito los conocimientos se transmiten de generación en generación».

Expuso, asimismo, que otra de las exposiciones sobresalientes para él en las que ha participado resulta: Luces de la Ciudad en tres ediciones en la que vincula la luminaria a través de lámparas decoradas con fachadas coloniales, tanto lámparas de piso, pared, mesa como de techo. «Siempre está presente la ciudad, los tejados coloniales, la herrería, las columnas, los vitrales y todo lo que contiene la arquitectura colonial que es bastante ecléctica está vigente en mis piezas».

Enfatizó en el proyecto Personajes de ciudad, en el que recreaba a figuras bohemias del Camagüey, entre los que mencionó a Miguel Escalona, el músico fundador de la Nueva Trova en Cuba que lo ubicó sentado en un parque de la urbe, guitarra en manos y con una botella de ron a su lado.

Para el crítico de arte Pavel Alejandro Barrios, en el proyecto personajes de ciudad, el creador distingue por una cerámica artístico-costumbrista: «En esta definición el protagonista es un personaje o una estampa típica de un contexto determinado. La representación caricaturesca comprende particularidades que ironizan al sujeto y al marco social y que se encuentran en plena correspondencia con la actualidad a la que se alude». (Fotos del autor)

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